Experiencias Significativas

Entre-Tejiendo

Autor: Wilfrand Anacona, Artista/Docente Obra Histórico-Cultural

OBRA HISTÓRICO-CULTURAL

Se plantea el trabajo a partir de tres momentos: pasado, presente y futuro. La metodología implementada se basa en el juego, pues esto permite la interacción entre unos y otros. Es muy importante para la Obra Histórico-Cultural la utilización de elementos naturales en el desarrollo de las propuestas, ya que esto ayuda en la sensibilización de los niños frente a los entornos naturales.

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ENTRE-TEJIENDO

Escribo este texto pensando en que debo reconocer que he aprendido de los niños mucho más de lo que probablemente yo les he podido transmitir.

Las reflexiones aquí consignadas adquieren su fundamento a partir del proyecto “Entretejiendo” en el que se ha explorado, en compañía de los niños, en la elaboración de tejidos con diversos materiales tales como: piolas, cabuyas, fiques e hilos. Las diversas cuerdas utilizadas en las propuestas desarrolladas sirvieron para la interacción entre los niños y la creación de lazos afectivos tejidos en medio de la bulla, los golpes, los abrazos y las sonrisas  y que en últimas resultan ser lazos llenos de felicidad.

Es probable que  lo que no se puede percibir en el momento del hacer mismo,  es aquello que aparece en medio de, es decir, entre los hombres que interactúan entre sí, esto es, la afectación sensible ante el encuentro con el otro. Es por ello que los lazos afectivos que se van tejiendo en medio de nuestras cotidianidades muchas veces pasan desapercibidos.

El encuentro con el otro y la interacción con los demás hombres es lo que Hanna Arendt define como “la esfera de los asuntos humanos (…) formada por la trama de las relaciones humanas que existe dondequiera que los hombres viven juntos”[1]. Sin embargo, no se podrían pensar éstos espacios de interacción si partiéramos de la idea de un hombre en solitario que se satisface a sí mismo en el aislamiento y que no contempla, en sus formas de relacionarse, el contacto con el otro.

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Es así como en el relacionarnos con el otro y con lo otro que aparecen los lazos afectivos que nos unen o nos separan y que probablemente no los percibimos, pero que sin embargo se encuentran ahí, mediando entre unos y otros. Pareciera que en la infancia estos lazos son muy fuertes pues soportan los desencuentros y se fortalecen con las alegrías; y que con el paso del tiempo aparentemente van perdiendo su fortaleza, haciéndose cada vez más frágiles y fáciles de romper.

Cabe resaltar que no todas las relaciones que se presentan entre los hombres se enmarcan exclusivamente en términos amistosos, pues aparece también el conflicto y la disputa con el otro, situación que genera, en un primer momento, espacios de confrontación y posteriormente posibilita espacios para la conciliación. Así, es en el encuentro entre los hombres que se crea un espacio mediador que une al mismo tiempo que distancia y separa. No se podría pensar el encuentro solamente en términos fraternales o discordantes, pues las acciones de los hombres distan de ser unívocas y con idénticas intenciones como si fuesen salidas todas del mismo molde. El entre se configura entonces como un espacio convergente de diálogo, pero también de disputa, que alberga las intenciones propias y las ajenas.

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Ahora bien, para que se creen lazos afectivos es preciso estar en contacto con otros, acercarse, aproximarse a las experiencias particulares de los demás, pues es en el contacto con otras realidades que se amplía la trama  de las relaciones humanas. Sin embargo, para que se consoliden y fortalezcan los lazos afectivos se requiere más que del encuentro físico, del encuentro sensible, esto es, sentir que el otro aparece como una prolongación de sí mismo.

De esta manera los lazos afectivos permiten que se perciban las  historias y relatos encubiertos que están en medio de, y que no se aprecian de manera objetiva, pero que están presentes en el encuentro entre los hombres, esto es, en el estar juntos y que aparecen en el momento en que se siente al otro como a sí mismo.

Como aprendizaje me queda que la vida nos presenta situaciones y oportunidades para que los lazos afectivos se puedan fortalecer, más que en el tiempo futuro, en el aquí y ahora y que esto depende de nuestras decisiones y acciones. Y continúo aprendiendo, gracias a Hugo[2], que para uno encontrarse tiene que buscar en la raíz, en la familia, en el pueblo, en la tierra, allí donde un día quizás alguno de nosotros se sintió feliz. Quizá ese sea también el gran aprendizaje que nos dejan los niños.

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[1] ARENDT, H. (2011).  La condición humana. p. 212.  España. Paidós.

[2] Recordando la canción “Te vengo a Cantar” de Hugo Candelario González.

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